Encontrame, encontrarte

Su atención se encontraba fija en ese punto. Sus ojos no hacían más que hacerlo girar la cabeza hacia él. No podía abstraerse de observarlo. El lugar no tenía nada especial, era un mero borde de anden como cualquier otro. Sin embargo esa pequeñísima zona tenía en ese momento un hondo significado para él. Sabía que su interés por esa parte del andén era pasajero, dentro de unos minutos iba a cesar completamente. Sin embargo en ese momento su mente se encontraba atada a él. ¿Que tenía de especial ese cordón de hormigón con la pintura amarilla gastada? ¿Por qué todos sus sentidos se encontraban puestos allí, en aquel pedacito de suelo de concreto en el que nadie reparaba y por el que todos pasaban sin reparar siquiera en la mugrienta pintura? La respuesta era muy sencilla y a la vez harían falta indecibles páginas para contarla.

En unos minutos esos preciosos pies en los que había pensado tanto en los últimos meses tocarían aquel ignorado punto. Aquellos azules iris se iluminarían al observar el bello cielo otoñal que estaba iluminando los suyos. Sus sedosos cabellos color miel se moverían al son de la suave brisa. Aquel cuerpo inmaculado volvería a alegrar sus ojos y todo su ser. En unos minutos llegaría Ella.

¿Por qué seria que todo su cuerpo se estremecía de esa forma a medida que las manecillas del reloj que en su muñeca portaba avanzaban inexorables hasta el momento en qué ella se acercaría hasta él y volvería a decirle esas palabras? Es casi imposible de explicar las razones. Baste decir que como el ser humano se encuentra orientado hacia la felicidad y que esta solo es posible en unión con otros, es mas que evidente que la relación que los unía a su vez los colocaba cada vez mas cerca de esta meta. En consecuencia la reacción que experimentó en ese momento estaba más que justificada.

¿En que pensaba? Quién sabe. Quizá se estuviese preguntando cual era la razón por la que estaba allí. Posiblemente podría haber renunciado a ella, haberse quedado cómodamente en su casa y haber inventado cualquier excusa. Pero no. Allí estaba él observando como se movía el universo sin que nada pudiese hacer. ¿Por que las cosas están en movimiento? Evidentemente algo hay que las hace moverse, cambiar constantemente. Alguien tuvo que prender la chispa inicial que puso todo patas para arriba, encendiendo un fuego que aun no cesa de arder. Tenía claro quien era ese alguien. And this everyone understands to be God se dijo rememorando a Santo Tomás de Aquino. Todas estas cosas pensaba mientras el tiempo seguía corriendo.

Se encontraban asombrosamente conectados. En cierta ocasión en que él se había perdido en un gran centro comercial de la ciudad de la que ella era originaria había podido hallarla solo a base de intuición. Los motivos de esto se le escapaban a ambos, ninguno se había detenido siquiera a intentar elaborar una teoría que lo explicara. No lo hacían porque no querían, el hecho de que la causa de esta conexión fuera desconocida era cuanto menos emocionante. De repente, mientras estaba parado en aquella estación, sonaron las alarmas de su mente. Al principio no supo muy bien el porqué pero de pronto súbitamente lo comprendió.

Ella se estaba acercando. La distancia entre ambos cuerpos era cada vez menor. El momento llegó, estaba ahí. De pronto él la vió. Pudo ver sus ojos hermosos asomarse por la ventanilla. Observó su preciosa cara que hacía mucho no podía apreciar. De repente y sin que se diera cuenta sus ojos se humedecieron al igual que los suyos. La visión de esto lo hizo llorar aun más. De repente y sin que se dieran cuenta posó las plantas de sus pies en aquel punto. Y que hermosa estaba, parecía un ángel recién venido desde la vera de Dios. En ese momento sus piernas se movieron, sin que él pudiese controlarlas hacia donde se erigía su bella figura. No le importo las chicas que a su lado se encontraban y que se burlaban por portar un pañuelo celeste en su mochila. No le importo el viejito que le ofrecía medias, alicates, etc. Nada le importó.

De repente cuando estaba a punto de tocar sus brazos, de rozar sus labios, de observar de cerca esos luceros que tenía por ojos su cuerpo se paralizó. Ya sus piernas no se movieron como si fueran las de un autómata. Ya sus brazos no pudieron extenderse para tocar su cuerpo. Quedó paralizado como se queda la conciencia de aquellos a los que la luz de la razón ha abandonado. Se quedó mudo como cual hombre al que maliciosamente se le ha quitado la posibilidad de expresar sus más íntimos pensamientos. Entonces, a pesar de no poder, empezó a gritar, primero en su mente, luego en un susurro, después cada vez más fuerte. Creyó morir. Pero gritaba, parecía que era lo único que podía hacer. De repente….

-¿Que pasa mí amor?

La voz parecía venir desde lejos. Primero la escucho como si viniera de detrás de una nebulosa.

-¿Estás bien querido? Me estás preocupando.

A esto lo escucho fuerte y claro. Se volvió en sobre su costado y la vió. Allí estaba a su lado, en la cama del departamento que compartían desde hacía un tiempo.

-¿Que hora es?
- Son las 3 de la mañana.

Entonces observo su piel bronceada, su cabello color miel, sus ojos azulados. Ella tan sencilla, tan hermosa, tan cercana. De pronto se dio cuenta de la necesidad que tenía de ella y dio gracias a Dios porque todo hubiese sido solo un sueño.

-¿Que pasó?
- Nada, ya te cuento….

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